La expresividad es una sola, uno es lo que sus venas expulsan. Cada sonidos, cada palabra, cada respiro, produce sensaciones diferentes en nuestra piel. Cada detalle es observado por el ser humano, todo es un viaje de ida; a distintas percepciones, a distintos caminos. Cada cual va tomando su sendero y de alguna forma se va haciendo, trasformando.

En un principio solo escuchábamos el ruido de un corazón, pero de pronto todo empezó a ser bullicio. Risas, maquinas, gritos, miradas, creencias. Todo pasa a ser parte de un mundo, algo con lo cual el humano siente que tiene que subsistir, este ser incluido en esta parte del mundo va comenzando sus pasos en algo totalmente desconocido, y a su vez creé ser el único que vive estas sensaciones. De a poco se convierte en masa.

Así con distintos factores se va conformando nuestro nuevo dios, super poderoso, el cual todo lo ve y todo lo hace. El se apodera de muchas mentes de estos mortales,  todos comienzan a ser muy estructurados, y cada vez el tiempo se acelera.  De pronto esa libertad que sentían al escuchar latir un corazón desaparece, y se reemplaza por un tic tac, tic tac. El tiempo comienza a valer oro para otras cosas, el latir se deja de un lado.


Así este comienza a diferenciarse de sus iguales, cada vez se creé más único. La brecha crece y todo comienza cada vez a hacerse más desigual. En lo que termina esta realidad es espeluznante. 

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