La carta


     Donde estarás, no he parado de buscarte. Siempre me pregunto si alguno de los rostros que cruzo durante el día no será el tuyo. Cómo pudieron arrancarte de sus brazos, dejarte en el mundo con tanta vulnerabilidad, ¿Sabrás tu historia o te la habrán callado?
     Tal vez ya seas una mujer o quien dice, tu alma este esparcida en el aire que respiro día a día. Nos quitaron tu compañía, esas tardes de verano que juntas podríamos a ver estado correteando por el campo. Jugar  a la exploradora entre los arboles junto a vos y no sola hubiese sido otra travesía.
     Si estuvieras presente en tu incierto mundo, me pregunto si el miedo será presencia en tu vida. ¿El cordón umbilical te habrá alimentado con los temores de mamá? Si así fuera tal vez los recuerdos te atormenten por las noches y el deseo de encontrar  tu verdadero yo te acorralara cada vez más.
     Pobre de ti hermana, pobre de nosotros. Porque la vida permite esta tortura; no quiso conformarse con los dolores que apuntaron al pecho de mamá, que nos persigue en vida sin dejarnos olvidar. Esas marcas nadie las va a borrar.
     No temas, ni un minuto dejare de buscarte. Tu espera sentada allí, en los zócalos de tu habitación, que un día llegare a tu puerta y no dejare que te escapes nunca de mi lado.  Hoy no sabes quién sos, pero mi cabeza mantiene con vida tú verdadero ser, porque no hay horas que no estés en mis pensamientos.
     Sé que estás ahí, que tu corazón siente esa falencia al igual que el mío. Dicen que la telepatía entre gemelas existe, así que no paro de mandarte señales para que despiertes y camines hacia mí. Te dejo esta carta hermana, quien dice, tal vez mañana aparezca arriba de tu mesa y me recuerdes.  

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