Era una noche de lluvia, una de las cuales tendría que llevar la imaginación más allá, para realizar tareas en las horas en que el sol desaparece, en las que uno tendría que dormir y un corte de luz te deja en la osadía de permanecer en una madrugada con insomnio a la deriva de una vela.

Que más podría hacer que escribir y solo dejar que algunas de las palabras que pasaran en ese momento por la mente se volcaran sobre una hoja en blanco de oficio.

Un cigarro en una mano y una lapicera sobre la otra, observando cada detalle minucioso de la habitación, esperando con muchas ansias el regreso del resplandor, siendo las dos de la madrugada.

Si buscara en su interior tendría muchas cosas de las cuales contar, era cuestión de recordar cada instante vivido y dejarse llevar, nada salía de ahí. Un momento de mente en blanco, instante donde te detienes y escuchas el sombrío ruido de las gotas al caer y chispear contra el suelo, algún auto que al pasar por un gran charco de agua concentrada lo hace revivir y caer en forma desnivelada y provocar que el agua deje de estar inmóvil sobre la calles.

El choque de las nubes en el cielo se hace escuchar, ¿Cómo estaría el espacio infinito en ese momento? ¿Sería rosa espontaneó o un cielo gris a punto de caer? ¿Se iría a despejar por la mañana, o permanecería así?

Sola ella en ese cuarto, pensaba en que si se encontrar en su casa, podría charlar en este mismo instante con su grandiosa hermana. Entre tantas idas que se cruzaron vuelve la luz, no pasaron tan solo instantes en que rápidamente abandona la lapicera y la hoja, cambiándola por la computadora, esas palabras quedaron así, nada más para decir… Se puede ver que un objeto electrónico hoy en día deja lo que en el pasado para otros era disfrutar…

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